Sospechas, que en mi triste fantasía
puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
volviendo y revolviendo el afligido
pecho, con dura mano noche y día;
ya se acabó la resistencia mía
y la fuerza del alma; ya rendido
vencer de vos me dejo, arrepentido
de haberos contrastado en tal porfía.
Llevadme a aquel lugar tan espantable,
que, por no ver mi muerte allí esculpida,
cerrados hasta aquí tuve los ojos.
Las armas pongo ya, que concedida
no es tan larga defensa al miserable;
colgad en vuestro carro mis despojos.
La hija y el yerno de Sabiniano van a misa
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El espectáculo es cada vez más inenarrable aunque quizá no debamos sacar
punta al hecho de que el juez Peinado permitiera el aplazamiento de la
comparecenc...
Hace 4 días

2 comentarios:
Ya sabe usted en que lugar tengo a Garcilaso en mi biblioteca, pero me cuesta creer que un corazón como el suyo, entregue las armas y se dé por vencido.
Cautivo y desarmado.....
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